Falleció hace dos días Jaime B., amigo de mi padre y mi maestro de fútbol en la niñez.
Cuántas pinches ganas de siquiera regalarle una lágrima. Pero este mundo es muy pobre, y su gente es más pobre aun.
Jugaba -así lo reuerdo- entre petacas y balones desinflados; me vestía con guantes y rodilleras; me laanzaba resbalando desde el almacen por un tubo, y abajo esos dos señores de bigote recortado con tijeras, camisas de Lacoste, y risas y anécdotas.
Empezaré a contar mis muertos esta tarde, antes de encender un cigarro y abrir otra botella.
23.1.09
Jaime
D.R.
Alejandro Palizada
en
14:45
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3 comentarios:
la legendaria tienda de deportes. Sí.
Ha muerto la leyenda, misma que casi nadie recordaba, lástima...
tenias una historia con ese hombre del que todos hablan...
tu blog está poca madre.
Saludos!
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