No puedo escribir.
No es, desde luego, un comienzo a lo Vila-Matas, no. Mi computadora está estropeada; se sobrecalienta porque el ventilador se descompuso y no puedo tenerla encendida más de quince minutos. Poco o nada de tiempo, apenas lo suficiente para acceder a Blogger y encender un cigarro, pero no para escribir.
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Estamos en el año dos mil ocho. Hace tanto que no aparezco. Quiero decir, hace tanto que no escribo. Mientras, los otros lo hacen. Saben que pueden hacerlo -y hacerlo bastante bien- mientras yo sigo la vida del insomne. Juegan al funámbulo, al ensayista, al editor. Juegan bien. ¿Estará Paz conectado? ¿Anuar? ¿Luis? Ni importa averiguarlo, sigo con el messenger desactivado, con los libros sin abrir, con los cds en otra habitación. El reproductor de Windows (que casi nadie ama) escupe Working class hero de John Lennon. Tryno escribe, Luis escribe, Vicente escribe, Gina devora libros -más de los que una persona sana debe leer-. Y Valdivia no responde.
"hasta que estás tan pinche loco que ya no sigues las reglas"

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